Esta sesión número 112 de “Charlando con Ana” se centró en la clasificación de residuos como parte fundamental de la economía circular, presentada por el Consejo Nacional de Ecología y Bienes Naturales de la Asamblea Nacional de Autogobierno (Ana). La presentación abordó la problemática de la gestión de residuos en México, enfatizando que no se trata de “basura” sino de “residuos” con potencial de reutilización y reciclaje. Se discutió la norma ambiental NADF-024-AMBT-2013 que establece el principio de “basura cero” y los criterios para la separación, clasificación y valorización de residuos. La sesión destacó la importancia de cambiar el paradigma de transmisión a creación en la gestión ambiental, promoviendo la cooperación comunitaria y superando el modelo capitalista que genera contaminación masiva.
Conceptos o teorías clave
- Economía circular: modelo que busca reducir, reutilizar, reparar y reciclar residuos para minimizar su generación
- Las “R” de la sostenibilidad: reducir, reutilizar, reparar y reciclar como pilares fundamentales
- Clasificación de residuos según NADF-024-AMBT-2013: orgánicos, inorgánicos reciclables, inorgánicos no reciclables y sanitarios, y de manejo especial y voluminosos
- Código de identificación de plásticos (1–7): sistema de clasificación mediante triángulo de Möbius para facilitar el reciclaje
- Biodegradables vs. compostables: diferenciación entre materiales que se desintegran naturalmente y aquellos que requieren condiciones específicas
- Biodigestión: proceso para el aprovechamiento de residuos orgánicos
Preguntas importantes planteadas
¿Quién tiene la facultad constitucional para recolectar, limpiar, trasladar y dar disposición final a los residuos?
¿Por qué el sistema actual de separación de residuos no funciona adecuadamente en México?
¿Cómo pueden los residuos convertirse en recursos económicos a través de cooperativas?
¿Por qué continuar produciendo materiales tóxicos derivados del petróleo cuando existen alternativas más sustentables?
¿Cómo implementar políticas públicas efectivas que vayan más allá de acciones individuales?
Puntos clave y resumen de objetivos de aprendizaje
- La norma NADF-024-AMBT-2013 establece el principio de “basura cero” y criterios específicos para la gestión integral de residuos
- Los residuos se clasifican en cuatro categorías principales con códigos de color: verde (orgánicos), gris (inorgánicos reciclables), naranja (inorgánicos no reciclables y sanitarios), y marrón (manejo especial y voluminosos)
- Los plásticos se clasifican en 7 tipos mediante código de identificación, siendo PET (1) y PEAD (2) los más fáciles de reciclar
- La infraestructura actual en México es insuficiente: solo existen 2 sitios oficiales en Ciudad de México para 7,000 toneladas diarias de residuos de construcción
- El artículo 115 constitucional establece que los ayuntamientos tienen la responsabilidad de la gestión de residuos
- La Asamblea Nacional de Autogobierno promueve la doble ciudadanía y un nuevo modelo basado en el afecto, la cooperación y la armonía con la naturaleza
- Se requiere transición de acciones individuales a políticas públicas coordinadas y cooperativas de reciclaje
Tema 1: Clasificación de residuos según normativa mexicana
La norma ambiental NADF-024-AMBT-2013 establece el marco regulatorio para la gestión de residuos sólidos urbanos en México, centrándose en el principio de “basura cero”. Esta normativa especifica criterios técnicos para la separación, clasificación, recolección selectiva, almacenamiento y valorización de residuos, con el objetivo de que los materiales adecuadamente separados puedan reincorporarse como materias primas en procesos productivos, reduciendo así la cantidad que llega a sitios de disposición final.
La separación primaria consiste en clasificar los residuos desde la fuente generadora en dos categorías principales: orgánicos e inorgánicos. Los residuos orgánicos incluyen materiales de origen animal o vegetal que se descomponen naturalmente en corto plazo, como flores, pasto, hojarasca, restos de comida, cáscaras de frutas y verduras, cascarón de huevo, restos de café y té, pan, tortillas, productos lácteos sin recipiente, cenizas, aserrín, huesos, productos cárnicos, servilletas usadas y desechables compostables de fécula de maíz o caña. Estos deben depositarse en contenedores verdes.
Los residuos inorgánicos reciclables son materiales desechados que, aunque el propietario ya no les encuentra utilidad, tienen posibilidad de reincorporarse al ciclo productivo como materia prima. Esta categoría incluye plástico, vidrio, metales, aluminio, papel, cartón, maderas, envases multicapas, ropa y textiles. El contenedor designado es de color gris. Sin embargo, existe una problemática significativa: no todos estos materiales tienen centros de acopio disponibles, especialmente vidrio, envases multicapas, ropa y textiles, lo que dificulta su reciclaje efectivo.
Los residuos inorgánicos no reciclables y sanitarios son materiales cuya separación se dificulta por estar mezclados con otros residuos o porque sus características y usos previos limitan las posibilidades técnicas y económicas de reincorporación a procesos productivos. Incluyen pañuelos usados, cubrebocas, guantes de látex, cepillos dentales, papel de baño, preservativos, toallas sanitarias, cotonetes, curitas, pañales, plásticos de difícil aprovechamiento, plásticos con aditivos degradantes, calzado, hule, bolígrafos, plumones, lápices, filtros, colillas de cigarro y chicles. El contenedor sugerido es naranja. A pesar de su limitada valorización, una opción es darles aprovechamiento energético si contienen carbono y no poseen componentes tóxicos como cloro.
Los residuos de manejo especial y voluminosos comprenden enseres domésticos y muebles que se desechan al considerarlos inutilizables y que por su tamaño o componentes internos requieren manejo específico. Esta categoría incluye electrodomésticos, equipos de informática y telecomunicaciones, aparatos electrónicos, paneles fotovoltaicos, aparatos de alumbrado, herramientas eléctricas, instrumentos de vigilancia, radiografías, muebles voluminosos, colchones, pilas y baterías con litio, níquel, mercurio, manganeso, plomo o zinc, aceites, residuos de construcción y demolición, juguetes, equipos deportivos, muebles sanitarios, máquinas expendedoras y llantas. El contenedor sugerido es marrón, aunque en la práctica estos residuos frecuentemente terminan abandonados en las calles.
Tema 2: Clasificación de plásticos y materiales específicos
Los plásticos se clasifican principalmente en 7 tipos mediante un código de identificación numérico (1–7) dentro del triángulo de Möbius, símbolo universal del reciclaje, para facilitar su reciclaje. Este sistema identifica el tipo de plástico con el que está elaborado el envase y su posibilidad de ser reciclado. Los plásticos provienen principalmente del petróleo, gas natural y carbón, dividiéndose en dos grupos principales: termoplásticos (que al calentarse son resistentes y al enfriarse retoman su forma sin deformarse) y termoestables (que sufren cambio químico al moldearse y ya no se modifican al solidificarse).
El PET (1) o tereftalato de polietileno se utiliza en botellas, envases para bebidas, artículos de limpieza y garrafones de agua. Es uno de los más reciclables. El PEAD (2) o polietileno de alta densidad se encuentra en envases de detergente líquido, cosméticos, alimentos y cubetas, también altamente reciclable. El PVC (3) o cloruro de polivinilo, más tóxico, se usa en tuberías, mangueras, hule cristal, juguetes, cortinas de baño y tarjetas de crédito o teléfono; es resistente pero más difícil de reciclar. El PEBD (4) o polietileno de baja densidad se utiliza en bolsas de supermercado y películas para empacar alimentos y envolver productos.
El PP (5) o polipropileno se encuentra en empaques para alimentos y botanas, popotes y taparroscas de bebidas; es el más utilizado y el más reciclado. El PS (6) o poliestireno incluye todos los productos de unicel (poliestireno expandido). El código 7 se refiere a otros materiales como el PC (policarbonato), utilizado en lentes y otros productos. La problemática principal radica en que cada tipo de plástico tiene diferente composición química, por lo que mezclarlos impide su reciclaje efectivo. Los centros de acopio requieren separación estricta por tipo y color para poder procesarlos adecuadamente.
Un aspecto crítico mencionado es la obsolescencia programada en productos electrónicos mediante chips con caducidad de 2–3 años, lo que impide reparaciones y obliga a adquirir productos nuevos, acumulando basura electrónica. Esto ha mermado los negocios de reparación porque no hay refacciones disponibles para equipos antiguos, forzando el consumo constante y la generación de residuos.
Respecto a materiales biodegradables y compostables, existe diferencia importante: los biodegradables se desintegran por acción biológica de organismos y microorganismos de manera natural (animales, bacterias, algas, hongos) resultando en biomasa, agua, CO2, metano y otros componentes naturales inocuos. Los compostables requieren condiciones físicas específicas (altas temperaturas, humedad, oxígeno) que normalmente no se dan en el entorno natural, necesitando intervención humana mediante procesamientos domésticos o industriales para producir compost utilizable como abono orgánico.
Las certificaciones europeas de la entidad TÜV Austria establecen diferentes etiquetas: “OK biodegradable water” cuando el 90% del material se degrada en aproximadamente 6 meses en el mar; “OK biodegradable water” para degradación del 90% en aguas dulces hasta en 56 días; y “OK biodegradable” cuando se desintegra en un 90% en periodo no mayor de 2 años.
Tema 3: Residuos especiales — grasas, aceites, construcción y peligrosos
La norma ambiental NADF-015 de la Ciudad de México regula específicamente las grasas y aceites comestibles de origen animal y vegetal utilizados en casas, establecimientos industriales, comerciales y de servicios. Cuando estos aceites se han utilizado varias veces, exceden la fecha de consumo o presentan cambios de composición, ya no son aptos para consumo humano. Después de ser usado varias veces, el aceite cambia sus propiedades químicas y puede ser dañino para la salud, por lo que debe manejarse integralmente como residuo para evitar su disposición inadecuada y su comercialización como aceite reutilizado para preparación de alimentos.
Verter aceite de cocina usado al drenaje ocasiona que, al combinarse con otros residuos, genere “piedras de grasa” capaces de obstruir tuberías y colectores que al acumularse provocan derrames e inundaciones. Las piedras de grasa generan malos aromas, proliferación de fauna nociva (como ratas en la ciudad) y condiciones que incrementan el riesgo sanitario y ambiental. Esto causa afectaciones a la movilidad vial, daños al patrimonio de los habitantes, aumento de costos por mantenimiento y operación del sistema de alcantarillado, y dificulta el tratamiento de aguas residuales. La recomendación es envasar el aceite quemado en recipientes de plástico para llevarlo a centros de acopio especializados, aunque en la práctica no se ha implementado adecuadamente un sistema de recolección en establecimientos que utilizan fritangas.
Los residuos de construcción y demolición (RCD), según la NADF-007-RNAT-2019, son materiales, productos o subproductos generados durante actividades de construcción, adecuación, ampliación de infraestructura, mantenimiento, demolición u otras, así como productos provenientes cuando se han alterado sus condiciones físicas, químicas y originales. Incluyen concreto, acero, madera, ladrillos, yeso, cerámicas, vidrio y materiales peligrosos como asbesto y envases de solventes. La inadecuada disposición de RCD contamina suelo y agua, pues al entrar en contacto con lluvia sus componentes se disuelven y contaminan aguas superficiales y subterráneas.
En Ciudad de México se generan diariamente 7,000 toneladas de residuos de construcción y demolición, pero únicamente existen 2 sitios oficialmente aprobados para su disposición final y transferencia. Uno se encuentra en Iztapalapa, una planta privada que procesa solo el 3% de estos residuos aunque tiene capacidad para reciclar hasta 2,000 toneladas diarias (20%), manejando únicamente concretos para producir agregados como gravas y arenas. El otro espacio está en Xochimilco, una estación de transferencia que envía desechos a 14 sitios autorizados en el Estado de México según convenio con la Secretaría del Medio Ambiente, lo que provoca mayor transporte, uso vehicular, contaminación por emisiones y ruido.
Las plantas de reciclaje de RCD trituran y clasifican escombros (concreto, ladrillo, piedra) para convertirlos en agregados reciclados (arena, grava) destinados a nuevas obras, promoviendo economía circular. Reducen impacto ambiental y ahorran costos hasta 50%, operando principalmente en zonas urbanas densas. Ejemplos en Ciudad de México incluyen plantas CIREC (Miguel Hidalgo con alta capacidad de procesamiento), Bordo Poniente, y otras en Xochimilco e Iztapalapa. El proceso incluye ingreso, inspección, trituración y separación por tamaño mediante zarandas (tamices). Los productos finales son áridos reciclados, concreto hidráulico y asfalto, usados para bases de caminos, rellenos y nuevas estructuras. Existen también plantas móviles que permiten reciclar directamente en obra, reduciendo costos de transporte.
Los residuos peligrosos son materiales desechados que presentan riesgos para la salud pública y medio ambiente por características corrosivas, reactivas, explosivas, tóxicas, inflamables o biológico-infecciosas (código CRETIB). Requieren manejo especial, almacenamiento y disposición final separada según NOM-087-ECOL-SSA1-2002. Incluyen productos químicos, aceites usados, baterías, lámparas fluorescentes y residuos hospitalarios. Ejemplos comunes: industriales (lodos de pintura, disolventes, aceites, envases contaminados), domésticos (pilas, medicamentos caducados, productos de limpieza, pinturas), hospitalarios (jeringas, agujas, gasas contaminadas) y RPBI (sangre, cultivos, materiales punzocortantes). Toda persona o empresa generadora debe estar registrada ante SEMARNAT y contratar empresas autorizadas para tratamiento y disposición final.
Un problema específico mencionado son los cubrebocas utilizados durante y después de la pandemia, que no son biodegradables ni procesables, aumentando significativamente la contaminación ambiental. Se quedan en agua y tierra, los animales los tragan o se enrollan con ellos. En Europa y Portugal están desarrollando telas de algodón con filtros especiales que podrían reemplazar cubrebocas desechables, siendo también útiles para ropa íntima femenina, ya que el uso de textiles sintéticos (no 100% algodón) causa infecciones por falta de aireación adecuada.
Tema 4: Propuestas de acción y modelo alternativo
Felipe Neri planteó cuestionamientos fundamentales sobre la responsabilidad institucional en la gestión de residuos. Según el artículo 115 de la Constitución Mexicana actual, son los ayuntamientos quienes tienen facultad para recolectar, limpiar, trasladar, dar tratamiento y disposición final a los residuos. Sin embargo, la realidad muestra que en Ciudad de México solo hay 2 o 3 alcaldías con plantas o medias plantas cuando deberían existir 16, y en todo México deberían haber 106 plantas procesadoras. Ciudades grandes como Monterrey deberían tener al menos 3 plantas. Felipe cuestiona que no es la gente quien debe tener 4 tambos de diferentes colores en casa y que pasen 4 camiones de limpia diferentes días. No ve una organización estructurada adecuada para esto. Además, señala que todo el desecho y basura se produce por el sistema capitalista y toda la industria instalada, siendo ellos quienes menos se quieren responsabilizar.
Felipe también destacó que la nueva Constitución Mexicana 2024 de la República Federal y Pluricultural de México contempla el cuidado del medio ambiente en el título 7, capítulo 2, artículos 126 (página 94) y 127 (página 96), estableciendo que el punto nodal es la Asamblea municipal, lo cual es importante porque debe surgir del lugar mismo. Propone que el modelo económico cooperativista sería fundamental para resolver en alguna medida el proceso de desechos y basuras, mencionando que en una convención de cooperativas en Hidalgo se levantó la voz exigiendo que el modelo económico para México sea el cooperativismo.
Marco Antonio Lemus enfatizó la importancia de la biodigestión como alternativa para procesamiento de residuos orgánicos, mencionando que él mismo construyó un biodigestor. Explicó que el relleno con materiales inorgánicos (no plásticos) para sostener carreteras o construcciones podría ser válido. Destacó los peligros de los papeles térmicos que alteran procesos hormonales y son cancerígenos. Propuso realizar una presentación específica sobre biodigestión y cooperativas de procesamiento de residuos el 18 de mayo, ofreciendo compartir su experiencia en la construcción de modelos que podrían reproducirse a nivel nacional, convirtiendo residuos en recursos económicos.
Andrés Mejía argumentó que somos demasiado permisivos sabiendo todo lo peligroso de usar derivados del petróleo para combustión y fabricación de plásticos, considerándolo casi un suicidio colectivo. Le parece cruel estar buscando reciclado para estas cosas cuando deberíamos enfocarnos en su prohibición. Señala que antes usábamos envases de vidrio (derivados de silicatos reciclables e incorporables a la naturaleza) y corcholatas de metal, no de plástico. Considera que en lugar de enfocarnos en reciclar “porquerías”, deberíamos luchar por prohibirlas y volver a utilizar envases de vidrio. Menciona que se recicla una cantidad ínfima de lo producido, y lo peor es que gran parte se desecha en el mar, causando sufrimiento y muerte de animales marinos. Propone enfocarnos en eliminación y prohibición de uso, no solo en reciclado. Señala que hay gente “enferma de ambición, psicópatas” que por enriquecerse no les importa que sus productos contaminen o afecten la salud. Menciona que hay formas de sustituir el petróleo como combustible (hidrógeno es combustible limpio), pero están aferrados por temor a que su negocio se caiga. El petróleo podría seguir usándose para medicinas y usos que no causen tanto daño.
Eliseo Jiménez propuso acciones concretas individuales: no consumir agua en botellitas, usar botella de vidrio con debido cuidado para pureza de agua adecuada y evitar proliferación. Compartió experiencia de ver el río Cazones en Costa Rica, Veracruz, llevando más botellas que tierra y lodo, todas flotando como animales de río, situación que no puede permitirse. Sobre aceites, propone no consumir aceites de semillas, usar poquita grasa de manteca de cerdo que es más saludable, y como no se consume muy seguido, ayuda a la salud. Todos los demás aceites ni siquiera conservarlos nuevos porque perjudican y dañan. Compartió anécdota de electrocutarse en el metro por usar chamarra y camisa de poliéster (derivado del petróleo), decidiendo ya no usar ese tipo de prendas, tratando de usar algodón. Propone que Ana se manifieste en contra de toda esa polución que no beneficia a nadie y perjudica a la mayoría, empezando con acciones personales: no consumir botellitas de agua, no utilizar mucha ropa de poliéster (aunque es difícil porque ahora es 50% algodón y 50% poliéster o acrílico).
Pablo Adalberto sugirió auxiliarse de trabajos universitarios para cambio de métodos de producción, mencionando que hace 20 años en la Universidad Autónoma de Chihuahua conoció investigación de materiales avanzados en CIMAP que utilizaban cerámicas que podían sustituir metales y plásticos, purificando agua y aire, ayudando a quitar contaminantes. Reconoce que quienes controlan el mundo quieren tenernos enfermos desde la farmacéutica y grupos de poder global. Propone usar el derecho de vía al 100%, señalando que las plantas de recolección han fracasado porque no les salen costos de transporte y manutención. Sugiere que el país está conectado con vías férreas poco usadas, proponiendo pedir a empresas privadas un impuesto para usar la vía y darle uso a infraestructuras existentes para traslado de residuos a planta central, porque el modelo de más de 2,500 municipios será ineficiente (hay municipios en Oaxaca donde no conviene, pero en Ciudad de México sí por ser monstruo de ciudad, aunque contamina a otros niveles en mantos acuíferos). Sugiere dar utilización al 100% a gimnasios y cada construcción. Critica que muchas propuestas no ven la cuestión económica, cuando para que un proyecto funcione la base no es lo político sino lo económico. Propone apoyar cooperativas, construcción de redes, crear maquinaria que aunque no gobierne opere, genere recursos y tenga cadena de consumidores. Critica que en últimas pláticas de Ana se pelea el poder pero no se busca cambiar métodos de producción ni optimizar uso de recursos ni interconectar áreas. Propone integrar muchachos universitarios de universidades independientes para buscar otros proyectos, porque es abusivo el uso de grandes transnacionales, el consumo de recursos, cómo la gente está enfermando y hay mucha infertilidad precisamente por plásticos. Si Ana quiere que haya un México del mañana, hay que cambiar métodos y formas de todo lo que se hace mal. Menciona que quienes controlan el mundo (judíos según su análisis) se apoderaron de sectores clave: económico (banca desde Venecia), guerras, salud, industria, agroalimenticio, tecnológico y energético, cuestionando cuándo tendremos visualización de cambiar patrones.
Marco Eduardo Murueta destacó la importancia de operativizar las propuestas, mencionando que Víctor López García, coordinador general de la red de universidades alternativas que integra más de 30 proyectos universitarios alternativos, es también integrante del Consejo Nacional de Ecología y especialista en educación ambiental. La Universidad Nacional Comunitaria donde trabaja ha desarrollado alternativas ecológicas muy interesantes que podrían difundirse e instrumentarse en muchos lugares. Enfatizó que se necesitan políticas públicas y procesos económicos que hagan factible todo esto. Mencionó que Roberto Alfredo Espinoza Arana de Quintana Roo estaba desarrollando la nueva Ley de Ecología y Bienes Naturales con base en la Constitución de la República Federal y Pluricultural de México, pero hace 8 meses no se conecta por enfermedad, y el Consejo Nacional de Ecología deberá retomar estos avances para darle continuidad, porque hay que pensar en acciones políticas, no solo personales. Destacó que la acción personal también es política en la medida que se vaya haciendo, pero se necesita mayor influencia e impacto sobre comunidades. Señaló que estudió en FES Zaragoza donde estaba el tiradero de Iztapalapa, conociendo a pepenadores y la tremenda mafia que controla ese negocio enorme, con balazos y violencia. Enfatizó la relevancia de la propuesta de Marco Antonio Lemus sobre cooperativas de procesamiento de residuos, porque si los residuos tienen valor económico y se hacen cooperativas que puedan procesarlos y tener ingresos para vivir, si hay modelo de una de ellas podría reproducirse a nivel nacional, siendo muy importante.


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